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El 27 de Enero y sus consecuencias: ¿Por qué ocurre y qué sucederá?

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Victoria Valdivia

Cientista Político, Colaboradora de Democracia Activa

En el ámbito Internacional, mucho se ha hablado del fin del conflicto convencional y pensar hoy en día en una Guerra en nuestra región no solamente es catalogado de retrógrado, sino que completamente ajeno a la situación de paz y cordialidad en el Cono Sur, debido a los públicos esfuerzos de integración (MERCOSUR, ALBA, entre otros) y la interdependencia, sobretodo económica, entre los actores regionales.

Esta idea de plenitud y prosperidad pareciera presentar un punto de quiebre frente al escenario que se pueda configurar tras este 27 de Enero, en donde finalmente la Corte Internacional de Justicia con sede en la Haya dará a conocer su veredicto en la Demanda Marítima de Perú sobre Chile.  Mientras que en nuestro vecino país se llama a embanderar las calles y se palpa un ánimo festivo, de victoria, en nuestro país se habla sobre si el fallo será salomónico, las causas que nos llevaran a la pérdida en la Corte y movimientos de tropas hacia el norte de nuestro territorio. Lo interesante para la población chilena es saber si habrá o no una guerra, aunque ésta durara una semana como muchos especulan.

Pero, si estamos ad portas de la pérdida de territorio nacional, con voces de movimientos de Fuerzas Armadas, ¿por qué la población chilena no se encuentra altamente alarmada? Esa respuesta se encuentra en la política de prestigio.

Desde la génesis del conflicto Chileno- Peruano, Chile ha mantenido una política de Prestigio respecto a los países considerados como rivales. Ello implica, que Chile ha procurado mostrar presencia en la región, a fin de disuadir a sus rivales de atacarlo para obtener compensaciones, que en el caso del conflicto territorial como consecuencia de la Guerra del Pacífico, implicarían pérdida de territorio soberano chileno.

La línea por la cual Chile ha jugado la estrategia de política de prestigio, ha corrido principalmente por dos arterías: militar y económica. El Estado de Chile, ha sido, históricamente, reconocido por hacer gala constante de su poderío y fuerza militar, dando a conocer sus nuevas adquisiciones y recalcando, sutilmente, que frente a ese poder militar, cualquier acción bélica en contra del Estado chileno, resultaría en un rotundo fracaso para el Estado impulsor; por lo que amparando en la acción racional de los gobernantes, implicaría que para el caso peruano y boliviano, dichos Estados desistieran de intentar un nuevo conflicto armado con Chile.

También, dicha estrategia de disuasión de conflictos, corre por la arteria económica. Chile, ha apostado por crecer económicamente a ritmos vertiginosos, en relación con sus vecinos (Habbel, 2006). Implica demostrar supremacía económica; dar a entender la lectura de que Chile no es vulnerable económicamente a las acciones de los Estados con quienes mantiene relaciones en la región, pues su desarrollo económico es superior. Mayores recursos, implica que Chile puede acceder a mejor calidad de armamento, por lo que combinando ambas variables, la política de prestigio ha resultado ser uno de los principales factores por lo que un conflicto armado no se ha podido dar en el eje Perú- Chile- Bolivia.

No obstante, la situación económica del Perú, ha cambiado a lo largo de los años. Se ha observado un crecimiento en el gasto de defensa del Estado Peruano (Ignacio Osacar, (Coordinador Comisión de Defensa CENM), 2010), lo que implica que Perú, está en condiciones de acceder a armamento de similares características al chileno. Además, la disolución de la URSS, involucra nuevos actores que podrías estar vendiendo armamento de segunda mano, a países que mantengan relaciones con las células, marcadamente, socialistas que aún subsisten en el Sistema Internacional, como Venezuela, quien recibe armamento de parte de Rusia y las revendería a Perú.

La confianza generada por el Estado peruano, sobretodo en materias de adquisición de material bélico desde el 2008, probablemente haya sido el motor impulsor para recurrir al arbitraje internacional, a consciencia de que el escenario más probable sea el de su propia victoria, reduciendo a Chile a la aceptación (derrota moral) o bien a la acción bélica.

En algún punto de la historia, ha sido la misma interdependencia y ánimos de integración la que ha colocado freno a la exitosa política de prestigio chilena y a la nueva búsqueda de reivindicaciones de Estados que han vivido pérdidas de territorios post- Guerra del Pacífico.

Sin embargo, nuestra población debe ser muy consciente de que nuestro Estado es respetuoso del Derecho Internacional y sus acciones no podrían ir en contra de ello, debido a que mantenemos fuertes lazos de cooperación con otras regiones y que cualquier acción bélica, implicaría la merma de la confianza de estos actores, mayoritariamente extra-regionales, por lo que no nos sería conveniente una acción bélica convencional.

Si el movimiento de tropas, llegase a ser efectivo, lo más probable es que nos encontremos nuevamente frente a la política de prestigio de Chile, como una forma de disuadir cualquier acción bélica por parte del Perú, una vez que tome posesión de las millas marítimas en comento, más que de cualquier otra idea de hacer frente y desconocer el arbitraje internacional.

Finalmente, no nos queda más que esperar ésta semana e ir observando cómo la situación se va desenvolviendo.

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