suscribirse: Temas | Comentarios

El caso alemán.

0 comentarios

Marcela Castro, Ph.D en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales, columnista invitada por Democracia Activa

Desde hace un año a lo menos, Alemania se ha convertido en un país ejemplo, o asi lo califican en muchos medios que repiten lo del “milagro alemán”, o sea, que pese a estar en una zona en crisis, logra mantener una tasa de desempleo del 5%. ¿A que se debe esto? A que Alemania se ha convertido en el país de los “minijobs” (sueldo de 450 euros al mes y contratación temporal por tiempo ilimitado), en que 1 de cada 4 trabajadores gana menos de 8 euros por hora, con una desventaja añadida: no hay sueldo mínimo fijado por ley. Lo que lleva a que en realidad muchos alemanes ganen 250 euros al mes o menos. Como eso no alcanza para vivir, se crearon las Hartz, o sea “ayudas” estatales  que se dividen entre Hartz I a Hartz IV. La más recurrida en este momento es la Hartz IV que aplica para las rentas bajas. A primera vista, esta ayuda, que se otorga  a personas con ingreso de menos de 750 euros, parece muy buena: 380 euros mensuales por cada adulto de la unidad familiar, más 220 por cada hijo, los parados de larga duración solteros o parejas sin hijos perciben transferencias sociales por importe del 36% de su último salario neto; una persona que tenga a su cargo una familia de dos hijos o un hogar monoparental percibe en cambio un 63%. Entre 6 y 10 millones de alemanes dependen de la Hartz IV.

Cuando alguien trabaja en un minijob, la Hartz puede ser una ayuda… pero cuando no se trabaja, el desempleado que la solicite y la reciba debe realizar trabajos ocasionales de interés comunitario como barrer parques, colocar alumbrado público…., cobrando una cantidad simbólica de 1 euro la hora. O sea, que para recibir esa ayuda, es necesario que la persona acepte trabajos por sueldos miserables.

Y como en las cifras de desempleo no se cuentan a los que ganan un euro a la hora, quienes tienen más de 58 años y no reciben un salario o los desempleados en cursos de formación, Alemania tiene 5% de desempleo, que en realidad debería ser del 15%.

¿Culpa de la crisis? No, culpa de Peter Hartz. En 1993 era director de personal de Volkswagen, cuando la empresa declaró que tenía un superávit de treinta mil trabajadores, así que iba a despedir gente, lo que habría causado graves problemas a la empresa. Hartz encontró una solución: reducir el tiempo de trabajo con pérdida salarial. Y la jugada fue magistral, tan magistral y tan beneficiosa para las empresas, que en el año 2000, cuando Gerhard Schröeder necesito un plan para los trabajadores, quien lo diseño y quien lo aconsejó fue su íntimo amigo: Hartz, el creador de las ayudas que llevan su nombre. Es lo que se conoce como la “Agenda 2010”, que se funda en que “el trabajo dignifica”, no en la dignidad laboral.

En Alemania lo que hay no es justicia social, sino dumping salarial y saqueo de las prestaciones sociales, para eludir los convenios colectivos. Es un sistema en que se facilitaron los despidos, la reducción de las cotizaciones sociales para los salarios más bajos, la limitación de las cotizaciones por desempleo en el tiempo, se obligó a los desempleados a aceptar cualquier trabajo en cualquier lugar en Alemania, se favorecieron los contratos temporales…

Y en estos días, esos desempleados tienen un apellido: los Fischer. Para cobrar la Hartz IV se requiere seguir unos pasos ante la oficina de empleo local. Y la de Pinneberg, en el estado federado de Schleswig-Holstein, en el norte de Alemania, publicó hace unos días una guía para desempleados (http://www.jobcenter-kreis-pinneberg.de/index.php/service/aktuelles/item/download/109_960b0517167661cd41286d8b4c2653df), en que, en estilo comic, narra los pasos de  la familia Fischer (nuestra doña Juanita alemana) para cobrar la Hartz IV… y consejos de cómo ahorrar. Entre las propuestas se encuentra renunciar a la carne durante una semana, vender los muebles viejos por internet, hacer la compra en el supermercado con una lista y con el estómago lleno, beber agua de la llave, poner piedras en la cisterna del baño para ahorrar agua, ducharse en lugar de tomar un baño, plantar las propias verduras en el jardín, comprar en tiendas con descuentos especiales, controlar la calefacción e incluso mudarse a una vivienda más pequeña si fuese necesario.

Sí, esas ideas son economía doméstica básica. Y por eso parecen buenas ideas (mejores que ese menú de $2.000 pesos de Lavín). Pero cuando miramos el conjunto de la situacion alemana, cuando sabemos que ser un “hartz” (o sea, un solicitante de sobre todo la IV) es lo peor que le puede pasar a una persona porque pasa a ser un “Hartzer”, o sea un vago, un flojo, un perezoso que, a pesar de ello, recibe dinero del Estado, este folleto, alabado por el  subdirector de la agencia nacional de empleo alemana Heinrich Alt, y defendido por la oficina federal de empleo (Arbeitsagentur), es una bofetada y un insulto a los trabajadores.

Es curioso que, durante años, los alemanes en general creyeran que un hartzer lo es porque quiere, y no que sea alguien a quien se ha condenado a siempre tener un trabajo miserable del que nunca podra escapar, porque el sistema esta diseñado para que el minijob no sirva como experiencia y referencia laboral para tener un empleo mas estable y que implique las obligaciones impositivas del empleador. Pero esa percepcion ha ido cambiando lo que explica la tremenda molestia con una escena del folleto: los padres les dicen a sus hijos de que han solicitado el subsidio del Estado, y como medida de ahorro han decidido dejar de comer carne mas que tal vez una vez a la semana. “Siempre quise ser vegetariana”, exclama su hija.

Esta Alemania, la de la Hartz IV, es el “milagro” que varios políticos en nuestro pais y en otros paises quieren seguir, sabiendo que explota deliberadamente un terror: el de perder el empleo y no volver a encontrar otro, acrecentado con la amenaza de importar trabajadores extranjeros. La gente acaba resignándose, por la fuerza, a ganar lo que el empresario quiere pagar, no lo que debería pagar y gastando solo en lo necesario, lo que tarde o temprano lleva a la ruina a los mismos empresarios. Sin trabajadores con trabajos dignos y bien pagados, la economia se muere. Porque un trabajador mal pagado es una persona que no consume, lo que mata un mercado en un mundo en que las empresas no pueden darse el lujo de perder clientes. Manroland, tercera fabricante mundial de rotativas de periódicos y maquinaria de artes gráficas, acaba de quebrar, porque no tiene gente que compre sus productos. Nokia Siemens Networks, Heidelberger Druckmaschinen AG y Eon están al borde. Esa es la realidad alemana.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>