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La Regla de Superávit Estructural. Un ejemplo.

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Víctor González Corvalán.

Economista. Miembro Fundador de Democracia Activa.

 

Imagine la situación de un dueño de taxi: en meses como diciembre, con navidad y año nuevo, sus ingresos serán altos en comparación al resto de los meses; durante enero y febrero, sin embargo -si es de Santiago y decide quedarse ahí- no tendrá muchos pasajeros que tomar, y sus ingresos serán menores. Por supuesto también habrá otros meses relativamente “normales” para su nivel acostumbrado de ingresos.

Si tomamos como en el ejemplo de abajo tres años consecutivos de ingresos, se podrá ver que pese a que el promedio recibido por el taxista ronda los $500.000, este promedio representa poco su realidad, ya que en muy pocos meses del año gana efectivamente ese monto.

El problema de este taxista es que mientras sus ingresos son volátiles, sus gastos son relativamente estables a lo largo del año: electricidad, agua potable, comida, colegio de los niños, arriendo, etc., la mayoría corresponden a gastos fijos. Si hay meses donde gane menos podría no alcanzarle con lo ahorrado en los períodos anteriores, sólo si es que hubo ahorro.

Lo interesante del ejemplo es que si volvemos a observar los ingresos del taxista notaremos que, pese a que los ingresos parecen totalmente impredecibles, al parecer siguen un ciclo, y aunque este ciclo no sea perfecto, pareciera repetirse aproximadamente a lo largo de los años. Si no existiera una tendencia en los ingresos -por ejemplo, si crecieran todos los meses en un porcentaje desconocido- no habría forma de predecir un nivel de tendencia, y a este taxista le sería imposible ordenar su gasto. Sin embargo, cada vez que los ingresos suben él sabe que en el futuro disminuirán por un efecto cíclico, y puede de esta manera calcular un ingreso de tendencia año a año.

Gráfico I: Ingresos Efectivos y Cíclicos de un taxista. Si bien mes a mes los ingresos cambian bastante, se puede observar un cierto ciclo a lo largo de los años.

Sabiendo esto, el taxista del ejemplo podría usar una regla simple -como el promedio mensual de sus ingresos anuales- para saber cuánto puede gastar cada mes sin poner en peligro sus finanzas. Calcularía así el promedio mensual de sus ingresos, y ese sería su tope de gastos máximo a destinar mes a mes: tomaría para el primer año el total de sus ingresos, los dividiría por 12, y obtendría un monto ($533.000 en el ejemplo) que sería su tope disponible.

Gráfico II: Ingresos Promedio del mes y Gastos del mes. Si el taxista considerara solo sus ingresos promedio como tope, podría sin problema solventar sus gastos del mes.

Incluso, si tomase la diferencia entre su Ingreso Promedio para el mes y los Gastos Efectivos de ese mismo mes, podría generar un ahorro, el cual podría acumular para eventos inesperados. Cuando comparamos los gastos efectivos con los Ingresos de Largo Plazo, obtendríamos algo similar a lo que se conoce en Chile como el Superávit Estructural.

Con este simple y cotidiano ejemplo se explica la lógica que opera tras la regla de Balance Estructural y el concepto de Déficit (o Superávit) Estructural. Este último corresponde a grandes rasgos a un indicador del desempeño de la Política Fiscal que trata de cuantificar cuánto sería el balance fiscal efectivo (ingresos menos gastos)  si el precio del cobre fuese igual al precio de largo plazo o de tendencia y si el nivel de actividad fuese consistente con un uso “normal” o de largo plazo de los factores productivos (los insumos que usamos para producir: maquinaria o capital, trabajadores, etc); en términos algo más técnicos, si la brecha entre el PIB efectivo y el PIB de tendencia fuese nula.

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